
El lagrimeo infantil en bebés y niños es un motivo de consulta muy frecuente en oftalmología pediátrica. En muchos casos se debe a la obstrucción de la vía lagrimal, una alteración habitual en los primeros meses de vida que, con el manejo adecuado, suele tener buena evolución.
En la Clínica Oftalmológica Martínez de la Casa Matilla valoramos de forma integral a cada niño para determinar la causa del lagrimeo y ofrecer el tratamiento más apropiado para su edad y situación.
¿Por qué lagrimea el ojo de mi bebé?
El lagrimeo (epífora) aparece cuando las lágrimas no se drenan correctamente hacia la nariz y se acumulan en la superficie del ojo, desbordándose sobre los párpados y la mejilla. La causa más frecuente en recién nacidos es la obstrucción congénita del conducto nasolagrimal, es decir, del “tubito” que lleva las lágrimas desde el ojo hasta la nariz.
Otros motivos que pueden producir lagrimeo en niños son:
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Conjuntivitis (infecciosa o irritativa).
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Alergias oculares.
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Problemas en los párpados (malposiciones, inflamaciones, orzuelos, etc.).
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Cuerpos extraños o irritaciones de la superficie ocular.
Por eso es importante diferenciar si se trata de un problema de drenaje lagrimal o de otra patología ocular asociada.
Obstrucción de la vía lagrimal en bebés
La obstrucción congénita del conducto lagrimal es muy frecuente en los primeros meses de vida y puede afectar a un porcentaje considerable de recién nacidos, debido a la inmadurez del sistema nasolagrimal. En la mayoría de los casos, la vía lagrimal termina de abrirse de forma espontánea durante el primer año.
Cuando el conducto está bloqueado:
▶ Las lágrimas se acumulan y el ojo tiene un aspecto siempre húmedo o “encharcado”.
▶ El exceso de lágrima puede desbordarse sobre la mejilla.
▶ Se forman con facilidad legañas o pequeñas costras.
▶ En ocasiones, la lágrima estancada favorece la aparición de conjuntivitis de repetición.
Síntomas de lagrimeo en bebés y niños: cuándo sospechar un problema
Algunas señales que pueden indicar una obstrucción de la vía lagrimal u otra causa de lagrimeo son:
▶ Ojo constantemente húmedo o con lágrima resbalando por la mejilla.
▶ Legañas espesas o amarillentas que reaparecen con frecuencia.
▶ Párpado inferior con aspecto vidrioso o “charco” de lágrima.
▶ Enrojecimiento leve alrededor del ojo o de la piel de la mejilla por estar siempre mojada.
▶ Episodios de conjuntivitis de repetición en el mismo ojo.
Si tu bebé presenta estos síntomas, es recomendable una revisión por un oftalmólogo pediátrico para confirmar el diagnóstico y pautar las medidas adecuadas.
¿Es peligroso el lagrimeo en bebés?
En la mayoría de los casos, la obstrucción congénita del conducto lagrimal no compromete la visión y tiende a mejorar con el tiempo. Aun así, es importante seguirla de cerca porque:
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La lágrima estancada puede favorecer infecciones (dacriocistitis, conjuntivitis).
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El niño puede estar incómodo por las secreciones y la piel irritada.
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En un pequeño porcentaje de casos, la obstrucción persiste y puede requerir cirugía para abrir la vía lagrimal.
Un control periódico permite decidir el mejor momento para intervenir, si es necesario, y minimizar molestias y complicaciones.
¿Cómo diagnosticamos el lagrimeo en bebés y niños?
En la Clínica Oftalmológica Martínez de la Casa Matilla realizamos una valoración adaptada a la edad del paciente:
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Historia clínica: edad de inicio del lagrimeo, si es en uno o ambos ojos, episodios de infección, antecedentes familiares, etc.
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Exploración de la superficie ocular y párpados.
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Evaluación de la película lagrimal y de la cantidad de secreción.
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Maniobras suaves para valorar el saco lagrimal y la posible salida de secreción al presionarlo.
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En niños mayores, se pueden realizar pruebas complementarias si se sospecha otra causa de lagrimeo.
Con esta información determinamos si se trata de una obstrucción de la vía lagrimal, una conjuntivitis, un problema alérgico u otra patología.
Tratamiento del lagrimeo en bebés y niños
El tratamiento depende de la causa y de la edad del niño. En el caso de la obstrucción congénita del conducto lagrimal, el abordaje suele ser escalonado:
1. Medidas conservadoras y masajes del conducto lagrimal
En muchos bebés, el primer paso consiste en medidas conservadoras, especialmente durante los primeros meses de vida:
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Higiene suave de los párpados y retirada de secreciones.
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Masaje del saco lagrimal (técnica específica que el especialista enseña a los padres) para ayudar a abrir la membrana que obstruye el conducto.
En la mayoría de los casos, estas medidas contribuyen a que la obstrucción se resuelva de forma espontánea a lo largo del primer año de vida.
2. Colirios y tratamiento de infecciones asociadas
Si el lagrimeo se acompaña de conjuntivitis o secreción purulenta, el oftalmólogo puede pautar:
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Colirios antibióticos durante unos días.
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Lágrimas artificiales oculares en determinadas situaciones, siempre con una prescripción personalizada según la edad del niño y el tipo de infección.

3. Cirugía para abrir el conducto lagrimal (sondaje u otros procedimientos)
Cuando la obstrucción persiste más allá de cierta edad o los síntomas son importantes pese a las medidas conservadoras, puede estar indicada una intervención para abrir el conducto lagrimal:
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Sondaje del conducto nasolagrimal: mediante una fina sonda se abre la membrana que bloquea la vía lagrimal.
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En casos seleccionados o más complejos, pueden valorarse otras técnicas (intubación con silicona, procedimientos endoscópicos, etc.).
Estas intervenciones se realizan en quirófano, habitualmente con anestesia general en niños pequeños, y el oftalmólogo explicará a la familia todos los detalles y cuidados posteriores.
¿Cuándo debo llevar a mi bebé o hijo a revisión por lagrimeo?
Te recomendamos pedir cita con el oftalmólogo pediátrico si:
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Tu bebé tiene un ojo constantemente húmedo o con lágrima resbalando por la mejilla.
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Observas legañas espesas que reaparecen a pesar de la higiene.
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Hay episodios de conjuntivitis de repetición en el mismo ojo.
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El lagrimeo persiste más allá de los primeros meses de vida.
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El niño refiere molestias, picor, escozor o visión borrosa.
Una valoración temprana permite diferenciar entre obstrucción de la vía lagrimal y otros problemas oculares y decidir la mejor estrategia de tratamiento en cada caso.
Cómo tratamos el lagrimeo infantil en la Clínica Martínez de la Casa Matilla
Nuestra clínica cuenta con un equipo con amplia experiencia en:
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Oftalmología pediátrica, incluyendo problemas de párpados y lagrimeo.
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Diagnóstico y seguimiento de la obstrucción de la vía lagrimal en bebés y niños.
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Realización de procedimientos de sondaje y cirugía de la vía lagrimal cuando están indicados.
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Acompañamiento cercano a las familias, explicando de forma clara los pasos a seguir y resolviendo todas las dudas.
Nuestro objetivo es ofrecer un manejo seguro, eficaz y lo menos invasivo posible, cuidando no solo de la salud visual del pequeño, sino también de la tranquilidad de los padres.
Preguntas frecuentes sobre lagrimeo en bebés y niños
En la mayoría de los casos, la cirugía del conducto lagrimal en niños consiste en un procedimiento llamado sondaje del conducto nasolagrimal. Mediante una fina sonda, el oftalmólogo atraviesa y abre la zona obstruida del conducto lagrimal para permitir que las lágrimas drenen de forma correcta.
Esta cirugía del conducto lagrimal se realiza en quirófano, normalmente con anestesia general en niños pequeños, y suele ser un procedimiento rápido. Tras la intervención, el especialista explicará a los padres todo el proceso, los cuidados posteriores necesarios y el pronóstico, así como las revisiones de seguimiento para comprobar que el lagrimeo se ha resuelto correctamente.
En la mayoría de los casos de lagrimeo infantil por obstrucción congénita de la vía lagrimal, la visión se desarrolla con normalidad y no se produce daño visual. Sin embargo, el niño puede estar incómodo, tener la piel irritada y presentar más riesgo de infecciones oculares. En situaciones más complejas o cuando el lagrimeo infantil se mantiene en el tiempo, el oftalmólogo valorará si es necesario realizar algún tratamiento o intervención para prevenir problemas a largo plazo.
Un bebé con la vía lagrimal obstruida puede tener legañas casi constantes. Sin embargo, también puede tratarse de infecciones o irritaciones de la superficie ocular. Por eso conviene una revisión para confirmar la causa de las legañas en bebés y, si es necesario, pautar colirios u otros tratamientos.
En muchos casos, sí. Una gran parte de las obstrucciones congénitas se resuelven de forma espontánea durante el primer año de vida, especialmente si se realizan los masajes y cuidados recomendados. Aun así, es importante que el oftalmólogo valore la evolución.
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